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martes, 10 de marzo de 2015

Anécdota de la Primera Guerra Mundial

Una nota manuscrita de Walter Kirke, jefe de los servicios secretos de la British Expeditionary Force(Fuerza Expedicionaria Británica) durante la Primera Guerra Mundial, despertó la curiosidad del historiador inglés Raphael Stipic
[…] una joven se vistió como un hombre y se dirigió a la línea del frente con la esperanza de convertirse en corresponsal de guerra.
Era la historia de Dorothy Lawrence, la única mujer soldado del ejército británico.
Dorothy Lawrence
Dorothy Lawrence
Poco se sabe de la infancia de Dorothy, nos tenemos que trasladar a 1914 donde encontramos a una joven de 19 años tratando de abrirse paso como periodista en un mundo monopolizado por los hombres. Con el estallido de la guerra se ofreció voluntaria para viajar al continente y cubrir la guerra como corresponsal, pero ni los editores de los periódicos ni el Ministerio de la Guerra se lo permitieron. Así que, decidió viajar a Francia por su cuenta y allí unirse a la Fuerza Expedicionaria Británica. Consiguió atravesar el Canal de la Mancha y comenzó su aventura en suelo francés. En un pequeño café parisino contacto con dos soldados británicos a los que les contó su historia y su deseo de llegar al frente. Aunque trataron de convencerla de la imposibilidad de llevar a cabo su plan, su determinación pudo más y decidieron ayudarle. Pero como mujer era imposible… le cortaron el pelo, tiznaron su pálida cara, la vistieron con ropas militares -envolviendo sus pechos con tela- y le consiguieron papeles falsos con el nombre de Denis Smith. De camino al frente, conoció al que sería su ángel de la guarda, Tom Dunn, un ex minero alistado en la compañía de zapadores. La instaló en un cabaña cercana al campamento de la compañía, donde estuvo escondida varios días hasta que Tom logró mezclarla con el resto de los zapadores. Estuvo en primera línea colocando minas a 350 metros de las líneas enemigas, en tierra de nadie, y soportando los bombardeos alemanes durante 10 días. Los días que había estado escondida en la cabaña con apenas comida -la que Tom podía compartir con ella-, el frío, la humedad y, más tarde, el trabajo agotador entre trincheras, le pasaron factura. Sufrió un desvanecimiento y estuvo a punto de ser llevada al hospital de campaña donde se habría destapado su engaño. El agotamiento y, sobre todo, la preocupación no le dejaron dormir aquella noche. Sabía que si la descubrían todos los que la habían ayudado serían sometidos a un consejo de guerra. Así que a la mañana siguiente decidió presentarse ante el sargento de guardia y desvelar su verdadera identidad. El sargento la arrestó y lo puso en conocimiento de sus superiores. Dorothy fue sometida a un riguroso interrogatorio pensando que podría ser una espía pero de sus labios sólo salió su historia -en ningún momento desvelo el nombre de los que le había ayudado-. No sabían qué hacer con ella y decidieron ingresarla en un convento hasta poder repatriarla. Llegado el día de la vuelta a casa, le hicieron firmar un documento en el que juraba no desvelar cómo había logrado infiltrase en las líneas; en caso contrario, sería condenada a prisión.
Ya en Londres, y aún teniendo un historia que contar que le hubiese proporcionado el éxito y la fama como periodista, tuvo que buscarse la vida en otros menesteres. Terminada la guerra, pensó que ya estaba liberada de su juramento y publicó un libro con su historia “Sapper Dorothy Lawrence: the only English woman soldier”. El Ministerio de la Guerra no pensaba lo mismo y censuró su libro. En 1925, y tras denunciar una violación, fue ingresada en su psiquiátrico. Nada más se sabe de ella desde esta fecha, sólo que falleció en 1964.
 Podréis encontrar más historias como la de Dorothy Lawrence en este libro de sorprendentes  historias de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

jueves, 19 de febrero de 2015

Anécdota española: Sistema Comercial Español

Anécdota española:

SISTEMA COMERCIAL ESPAÑOL: EL MONOPOLIO ESPAÑOL


El objetivo del monopolio español era obtener las ganancias exclusivas de los productos comerciados con las colonias de América y evitar la competencia de otras potencias europeas como Inglaterra, Francia y Holanda España exportaba a América cerámica, calderos, sal, hilos, armas, tabaco, mercurio, espejos, papel, sellado, barajas y vidrio; e importaba cuero, sebo, tasajo y algodón. Aquí se puede apreciar el defasaje entre los productos que se importaban y los que se exportaban.

En un principio, se habilitó un solo puerto en España, el de Sevilla, y más tarde, el de Cádiz. Desde allí enviaban la mercadería a los puertos americanos de Veracruz (en México) y Portobelo (en Panamá), mediante una flota compuesta por barcos mercantes y galeones de guerra, que defendían a aquéllos de los ataques de los piratas.

Las mercaderías partían de España dos veces al año y llegaban a Veracruz entre diciembre y enero, y a Portobelo, en agosto. Desde allí eran repartidas todas las colonias por distintas rutas comerciales. Los productos que llegaban a Buenos Aires seguían el siguiente camino: del puerto de Cádiz (España) llegaban al de Portobelo; de allí se dirigían al Callao y bajaban a Lima, desde donde arribaban finalmente, á Buenos Aires.

De esta manera, las mercaderías tardaban muchos meses en llegar a destino, por la distancia que debían recorrer, y su precio se enormemente a causa del transporte. Además, muchas de ellas llegaban en mal estado.

Todo esto llevó a un hecho que fue tomando, poco a poco, gran importancia contrabando, es decir, la introducción de mercancías en forma ilícita, sin pagar los derechos de aduana. Inglaterra, Francia, Holanda y Estados Unidos contrabandeaban intensamente productos como ginebra, espejos, tejidos, seda, perfumes, adornos, vajilla, tabaco, agujas, telas, clavos, cuchillos y objetos varios Por supuesto eran mucho más baratos y las ganancias que obtenían los contrabandistas superaban el 200%.

Para tratar de cortar el contrabando, España concedió a Francia’el permiso de asiento de negros y a Inglaterra, el derecho de negociar con esclavos por un periodo de 30 años, a través de los llamados navíos de permiso (uno solo por año).

En esta época es cuando se nombra á Buenos Aires capital de provincia y su actividad comercial, basada eh el contrabando, era intensa.

Buenos Aires se había convertido entonces en una ciudad de cambio , especie de feria internacional donde a falta de abundante producción propia, se introducían clandestinamente mercadería del exterior que luego se revendía en el Tucumán y Alto Perú. Como la producción local no alcanzaba valor suficiente para pagar tales introducciones, también se exportaba de contrabando productos con metálico del Perú cuya extracción estaba rigurosamente prohibida.

De esta forma el contrabando casi había roto el monopolio español. Por entonces en 1809 lo ganaderos de Bs. As. y los comerciantes españoles , ayudado por Mariano Moreno, presentaron la Representación de los Hacendados, mediante el cual solicitaban el libre comercio de sus productos. Esto fue lo que provocó la Revolución de Mayo un año después , proceso que culminó en 1816, con la independencia.

PARA SABER MAS...

El Sistema Comercial Español: La explotación de metales preciosos también fue el centro de la organización del comercio ultramarino. Una ruta comercial por donde circulaba la plata, y las monedas acuñadas con ella, unía América con España. Esta ruta privilegiaba los principales centros económicos americanos, México y Perú, desde donde se enviaba a España la plata, a cambio de manufacturas y artículos de lujo producidos en España y en otros países de Europa. España estableció un monopolio comercial para evitar que los países europeos se beneficiaran con las riquezas americanas.

Todos los productos que se dirigían a América y que llegaban de América debían pasar por el puerto de Sevilla. También prohibió a sus posesiones americanas comerciar con otras naciones y sólo abrió unos pocos puertos para el comercio con España. El transporte de las riquezas americanas se hacía a través de flotas, que circulaban protegidas por la Armada española. Año a año partían las flotas de España al Caribe; al llegar allí sus rutas se dividían.

Una ruta se dirigía a Veracruz, en México, desde donde las mercaderías se distribuían por toda Nueva España. La otra ruta llegaba a Panamá. Allí se conectaba con la ruta del Pacífico, cuyo centro era el Perú a través de su puerto, El Callao, cerca de Lima. Todos los puertos fuera de estas dos rutas estaban cerrados al comercio legal español.

La plata fue el centro de la organización del comercio de largo alcance. La producción de plata, y las monedas acuñadas con ella, eran el motor de una ruta comercia]' que unía América con España. La ruta privilegiaba los principales centros económicos americanos, Nueva España y Perú, desde donde se enviaba a España la plata a cambio de manufacturas y artículos de lujo.

España mantuvo pocos puertos abiertos para el comercio, e implemento un monopolio comercial, ya que prohibió a sus posesiones americanas comerciar con otras naciones. Todos los años partían flotas de España al Caribe; al llegar allí, sus rutas se dividían.

Una ruta se dirigía al puerto de Veracruz, en Nueva España, desde donde las mercaderías se distribuían por todo el virreinato. La otra llegaba a Panamá, donde se conectaba con la ruta del Pacífico, cuyo centro era el puerto de El Callao -muy cerca de Lima- en el Virreinato del Perú.

Todos los puertos fuera de estas dos rutas estaban, teóricamente, cerrados al comercio legal español. Una consecuencia de esto, importante para la historia del Caribe y del Río de la Plata, fue el contrabando o comercio ilegal, por medio del cual una cierta cantidad de plata se escapaba del control español.


martes, 10 de febrero de 2015

Anécdota histórica

Jules Ferry a la Cámara de Diputados Francesa, Julio de 1885.


"Es preciso decir abiertamente que, en efecto, las razas superiores tienen un derecho sobre las razas inferiores, y también un deber sobre ellas: Tienen el deber de civilizarlas".

martes, 27 de enero de 2015

Anécdota histórica


Los niños en la Revolución industrial




En la Revolución Industrial, víctimas de la máquina imparable del progreso, los niños trabajaban tanto como los adultos y, además, lo hacían en condiciones infrahumanas. Pero, ¿cómo era un día en la vida de un pequeño proletario? Tomemos como muestra un testimonio, el de Sarah Gooder, de ocho años, a la Comisión Ashley, que surgió como un estudio de la situación en las minas en Inglaterra.

Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansado, pero trabajo sin luz y paso miedo. Voy a las cuatro y a veces a las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde. No me duermo nunca. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad, entonces no me atrevo a cantar. No me gusta estar en el pozo. Estoy medio dormida a veces cuando voy por la mañana. Voy a la escuela los domingos y aprendo a leer. (...) Me enseñan a rezar. (...) He oído hablar de Jesucristo muchas veces. No sé por qué vino a la tierra y no sé por qué murió, pero sé que descansaba su cabeza sobre las piedras. Prefiero, de lejos, ir a la escuela que estar en la mina.


Los cuerpos de los niños, por su pequeño tamaño, eran ideales para introducirse en las minas, y eran brutalmente explotados a cambio de un pequeño salario. Tras su jornada de trabajo, Sarah debería volver a su casa, una pequeña habitación o una vivienda compartida con otras familias, en un barrio problemático plagado de problemas como el alcohol y la prostitución. Una vida sin futuro y sin presente.

Más tarde, gracias a la aparición de los sindicatos, las condiciones laborales se fueron normalizando hasta llegar a ser lo que son hoy en día. Pero sólo tras décadas de explotación y sufrimiento.